sábado, 12 de abril de 2008

Ficción

Esta obra se me ocurrió esperando el motherfuckin’ 142, hijo de puta.
Chewbacca Rules también es literatura.
Lo que va a leer ahora después es puuuuuuura ficcioooooon, no le vaaaa a pasaaaaar a usteeeedddd...

No Buses
Todos los días, los ómnibus de recorrido urbano y/o suburbano pasan entre 6 y 12 veces por día por un mismo sitio, dependiendo de la frecuencia de los mismos.

Era viernes. Llovía. No hay nada más desesperante que caminar dos largas cuadras con una tabla de dibujo bajo el brazo y con una lluvia que te hace acercar los hombros a la cabeza involuntariamente.

Llegué a la desierta parada y me senté en el único lugar del banquito que la lluvia no había inutilizado momentáneamente. Ya sentado comenzé a esperar que pasara el medio de transporte que sería el encargado de llevarme hacia mi hogar, recorriendo un camino en línea recta por una de las principales avenidas de la ciudad que tiene nombre de militar. En conclusión, esperaba por tres números: 1, 4, y 2.

A los 5 minutos de espera comenzaron a llegar mis futuros compañeros de espera (idem), ya fuera o no que subieran al mismo bondi que yo. La población de la parada en ese momento consistía en 10 personas: tres veteranas, que ni bien llegaron comenzaron a parlotear sin siquiera conocerse, recostadas sobre el cartel de McDonalds (mal yo que no cedí mi lugar): hablaban del tiempo, de cual ómnibus iba a tomarse cada una, etc.; un hombre vestido de tenista, con su raqueta en una mano y su teléfono celular en la otra; un hombre cargando con una gran mochila en su espalda; otro con pinta de ex – convicto (de hecho lo era: vi sus tatuajes carcelarios); tres adolescentes con mochilas, como yo (dos minas y un tipo); y quien les habla.

Luego de 20 minutos más de espera empezé a preocuparme, más bien a insultar a las empresas Cutcsa, Copsa y Come, ya que ningún bondi había pasado. Tal era la tardanza del bus que me interesaba abordar (el 142, con cualquier destino), y tal era la fuerza con que caía la lluvia, que esa parada se empezó a parecer mucho a una pequeña jaula con 10 extraños dentro, sin salir para no mojarse, esperando volver a sus casas, o ir a sus trabajos.

A las once de la noche, es decir, luego de dos horas y 43 minutos de espera, seguíamos los once ahí, encerrados, inmóviles, esperando al maldito ómnibus. Entonces el señor de la mochila manifestó que quería irse de allí. Hubo un gran revuelo, y Adelita, una de las tres veteranas le respondió: -No puede irse así como así joven, se va a ensopar, el ómnibus ahora pasa, además, ¿mire si se va y justo 10 minutos después pasa? Quédese.
Ante los reclamos de la señora, ya para evitar que siga hablando, el tipo se quedó.

Media hora más tarde, sin noticias del 142 o de algún otro bote, comenzamos a sentir hambre. Resolvimos hacer una vaquita para comprar algo de comer y beber. El tenista fue el elegido para ir al kiosko de la esquina antes de que este cerrara, y con nuestros $123.50 compró víveres para nuestra (puede que eterna) espera por el bondibus. Comimos, y ya con sueño, diseñamos un sistema de vigilancia: mientras unos dormían, otros harían guardia para avistar ya sea el ómnibus o algún malhechor que se acercara en esa lluviosa noche a nuestro refugio/parada.

A la mañana siguiente desperté al oír unos gritos: parecía que –según lo que me contaron Adelita, Rosa y Nubia, entre llantos- habían desaparecido todas las provisiones. Y el yupi vestido de tenista ya no estaba. Era solo cuestión de atar cabos. Tendríamos que conseguir dinero, ya que habíamos gastado todo. Planeamos todo para esa tarde: al primero que llegara a la parada, lo redujiríamos con el cuchillo de Braulio, el ex – convicto (con un método que había aprendido no se dónde), y tras sustraerle su dinero, lo mataríamos. Así ocurrió con un vendedor de alfajores que justo pasaba por ahí en su ronda habitual de ómnibus, con la intención de vender su producto a 1x6, 2x10 o 5x20. Le quitamos toda su recaudación, que consistía en $120, que serviría como fondo común para pagar los boletos (ojalá), ya que calmamos nuestra hambre desayunando entre todos los 23 alfajores que traía consigo. También le quitamos sus ropas, ya que las viejas andaban con frío.

Pasamos toda la tarde esperando inmóviles en el refugio, sobresaltándonos con cualquier ruido de motor, tirándole piedras a los camiones cisterna, a los de akodike o de carga de troncos para Botnia; al pensar que venía el bondi, y al no verlo llegar, nuestra ira aumentaba más y más.
A las 4 de la tarde del segundo día, es decir, esa misma tarde, sucedió algo inesperado: vimos un ómnibus que se dirigía alegremente hacia la parada; sin la costumbre de estirar el brazo derecho para pararlo, el ex – convicto, el de la mochila y uno de los estudiantes salieron a la calle con los brazos extendidos y gritando como enajenados para detener el coche, secuestrarlo e irnos a casa, pero la mala fortuna fue tal que no vieron la leyenda que llevaba el ómnibus (64 EXPRESO), y siguiendo con la mala fortuna, fue una lástima que el conductor-cobrador se tomara muy en serio el rótulo de su respectivo vehículo, ya que arolló a los tres despojándolos de sus últimos minutos de su infeliz vida.

Entre llantos enterramos sus cadáveres luego de sacarles las monedas que tenían (para tener cambio chico, para el boleto). Los pusimos en la misma fosa donde yacía el vendedor de alfajores. Quedabamos 6.

Quizás por estupidez, o por valentía, los otros dos adolescentes que quedaban decidieron marcharse. No tuvimos fuerzas para decirles que no. Les dimos provisiones que habíamos conseguido robándoles a un par de viejos que hacían footing, y nos despedimos en un mar de abrazos y lágrimas; nos habíamos hecho muy amigos en la desgracia. Con la vista los vimos alejarse hacia el horizonte.

Perdí la noción del tiempo mientras seguía esperando por el puto ómnibus; ya no recordaba el sabor de las frutillas. Entre la pasada de autos, camiones, camionetas 4x4 con gente bien alimentada, peinada, bañada, y multitudes de personas que llegaban a la parada pero enseguida se iban, mitad por el olor a carne descompuesta, mitad porque había tres viejas de mierda, mitad porque no pasaba ningún bondi, pasaron los minutos, o quizás horas. Me quede esperando el bondi con las tres veteranas, mejor dicho, con dos, ya que Adelita dormía plácidamente desde el día anterior. La lluvia cesó, por fin. Adelita había muerto, al parecer tenia bronquitis y no llevaba consigo su inhalador. Las otras dos corrieron despavoridas hacia sus hogares al ver a su nueva mejor amiga muerta; yo creo que se fueron por que estaban esperando que pare de llover, viejas de mierda.

Tras 29 horas de espera, el 142 llegó, lleno hasta la manija. Putié: mierda, era el único
sobreviviente, solo faltaba que viniera alguien y no me dejara subir, p’a hacerla completa. Tome mi mochila, mi tabla de dibujo, agarré toda la plata que había en el fondo común y subí, con algo de dificultad. Estuve 5 minutos para recordar el precio del boleto urbano, había perdido mi boletera, pero no importaba. El guarda me dijo que eran $15, yo pagué.

Durante el recorrido pensé en el ex – convicto, en el tipo de la mochila, el hijo de puta del cheto ese, el las viejas forras, en los dos adolescentes que todavía caminaban a la interperie en algún lugar de Montevideo. Vi gente en las paradas que no tomaban el 142, andá a saber hacia cuanto esperaban el bondi, los putié por dentro, ¿por qué no se subían? Seguramente este era el primer bondi que veían en mucho tiempo. ¡¿Como que no se lo toman?! Me baje una parada después de mi destino, de distraído nomás; cuando bajaba y me disponía a caminar en sentido opuesto al bondi, observé tres ómnibus con el número 142 en el frente. Maldije por lo bajo.

4 comentarhhhios:

soly dijo...

jajaja muy buena la historia!!!!
tenia q ser chuwa!!!!!!
bo pero va a ver una continuacion no¿?
dale nois vemos!!!!!
salu2

david dijo...

en este preciso momento estoy por irme a mandar flor de siesta porque esta noche no pegue el ojo, pero te dejo un comentario igual.
que te fumaste antes de que se ocurra este cuento?
un grande igual... te volo la imaginacion y te salieron callos en los dedos.. pero dale no mas... sigui con esto

MigueL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Vir dijo...

soy la hermana del negro ( david)
te ganaste una nueva fan con estos relatos.

aguardo ansiosa por la proxima creación que va a salir de esa volada cabecita!

saludos