lunes, 14 de abril de 2008

Más Ficción, Si, Más Ficción

Segunda entrega de la serie HSB (Historias Sobre Bondis). La primera fue hace dos posts, se titulaba No Buses.
Chewbacca Rules no da puntada sin hilo.

En esta entrega (la segunda y creo que la última), dos cuentos:
-Abejas
-100 Metros Llanos

Aquí los copio.
Aquí los pego.

Abejas
Estaba en la parada del bondi; como siempre clavado como un zapato por su habitual demora. Viendo autos pasar, camionetas 4x4 pasar y viendo el logo de Santander que en la acera del frente me hacía guiñadas. La parada y sus alrededores estaba colmada de púberes que salían del liceo, algunos flacos de jetra, y de ancianas en estado decrépito. Pasó un interdepartamental (Cooperativa de Ómnibus de Pando S.A.) al que sólo se subieron un total de 5 personas. Todavía la densidad de población de esa parada era bastante grande.

No dudé en sospechar que todo ese gentío estaba destinado en su mayor proporción a abordar el mismo autobús que yo, el bendito e hijo de puta 142. Mierda. Habría que pelear por un asiento vacío. Decidí entonces utilizar un truco más viejo que Matusalén: me acercaría a la acera y calcularía estimativamente en qué posición exacta pararía el vehículo (o por lo menos la parte donde dice “para subir”), para así colocarme en ese lugar y abordar primero en el ómnibus. Me la jugué por un lugar justo un poco después del final de la parada, desde la visión del conductor, obviamente. Mis razones: los conductores siempre paran orientándose por el lado de atrás, la que dice “para bajar”, (eso es lo que creo yo) para brindar un mejor descenso al viajero que va a terminar su trayecto. Por lo menos lo hacen cuando no vienen borrachos, drogados o escuchando “Malos Pensamientos”. Reitero, es sólo una suposición.

Esperé allí, entonces, con mi mochila bien segura contra mi espalda, por la llegada del bus. Desgraciada fue mi suerte, ya que venían juntos como carne y uña el D11 y el 142. En ese orden. Mi teoría se vino abajo estrepitosamente como la calidad de los programas de Marcelo Hugo Tinelli: mientras yo, parado, esperaba que el ómnibus se acercaba a mi tras detenerse unos segundos para que la gente del D11 suba, un enjambre de muchachos, muchachas, viejos, viejas, señores con traje, señoras con mochilas, etc, etc, etc, me ganaban de mano aproximándose raudamente hacia la puerta cerrada del 142 Aduana.

Fue un pandemónium: gente corriendo, gente gritando (¡ahí viene, ahí viene el bote!). Reaccioné. Me puse a correr como un enajenado, abriéndome paso a codazo limpio para llegar a la entrada del vehículo. No pude escalar más que un par de posiciones en mi carrera por el abordaje. Sólo logré subir antes de una vieja media boluda (las damas primero, me dijo; la verga, le contesté), dos nerds de científico-matemático, un pibe de unos 9 años y una señora embarazada, y con su primogénito de 6 meses en brazos.

Me imagino las caras de ese guarda y de ese conductor al ver correr tanta gente hacia su coche. Como si el bondi estuviera hecho de polen.


100 Metros Llanos
Abordé el bondi, que venía con una población media, ni fu ni fa, ni muy muy ni tan tan, no era algo que digas ¡que bruto!, pero era algo de gente. Cuando me disponía a pagar mi boleto (bah, pagar lo que se dice pagar, lo pague en TUPCI, en Portones; ahora solo dejaría que ese extraño cortara un pedazo de la cintita verde y blanca que me dieron esos tipos), con el ómnibus en marcha, divisé yo por la ventana a un muchacho corriendo raudo y veloz a la par del bondi. Increíble. Al parecer llegó a la parada en el peor momento; porque no es lo mismo llegar a la parada, preguntar si pasó el bondi y que te contesten que pasó hace unos minutos; que perderlo en la hora, que te pase como una bofetada por el frente de tu rostro, como le paso a este pobre cristiano (pero este pibe tenía huevos y entró a correr). Creo que todos estamos de acuerdo en que lo peor de lo peor es que te suceda lo segundo.

Pero nuestro héroe no se rindió, la venía piloteando muy bien mientras nosotros mirábamos anonadados desde el interior del coche. Algunos le gritaban al conductor para que parara el bondi, pero no hizo caso, mientras el guacho seguía sprinteando y metiendo zancadas con su mochila al hombro a la par del 142. Eso no duró mucho, como ya mencioné, la venía piloteando muy bien, hasta que el bondi puso tercera y el pibe desistió. Game Over.

Pero mira el lado bueno, te ahorraste un tramo del viaje. Esperalo, en 45 minutos pasa otro.

2 comentarhhhios:

MigueL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
MigueL dijo...
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